PICANTE

¡Anjá! El problema no son las denuncias, son quienes viven en la oscuridad

¡Cógelo, Picante! Mientras algunos pretenden silenciar las voces críticas, crecen las denuncias de complicidad, abusos y corrupción. Y en la Policía Nacional, el papelazo de Navarrete encendió otra vez las alarmas.

Buenos días…

¡Anjá! Algunos ciudadanos advierten que en el país hay demasiada complicidad y cobardía. Y tienen algo claro: lo que daña la imagen de una institución o de una nación no son las denuncias ni los escándalos que salen a la luz, lo que realmente la destruye es aquello que se denuncia y quienes, desde las sombras, lo permiten o lo encubren.

Cuando no hay censura, reprimenda ni reacción efectiva de la Justicia y de las autoridades competentes —por complicidad, temor o cualquier otra razón—, corresponde a las personas serias, de credibilidad y autoridad moral, prestar sus plumas, sus voces y sus inteligencias para defender la decencia, la ética y el derecho de la gente a vivir con dignidad.

Al presidente Luis Abinader le corresponde continuar cargando su pesada cruz. Y, sobre todo, actuar. Nada de lo que está ocurriendo en la Policía Nacional, ni de lo que se está denunciando, debería sorprender a nadie.

Lo ocurrido en Navarrete fue el colmo. Pudo convertirse en una tragedia nacional. Si no ocurrió una desgracia mayor, fue, según fuentes de la propia institución, gracias a la actuación responsable de un oficial superior que estaba al frente de las tropas.

Y todo apunta a una mezcla peligrosa: imprudencia, falta de experiencia y falta de capacidad gerencial.

Lo advertimos en su momento. Después del desastre de la pasada administración, marcada por escándalos y graves cuestionamientos, la Policía necesitaba otra cosa: experiencia, capacidad, gerencia, autoridad y un profesional con trayectoria limpia y suficiente músculo para manejar una institución tan compleja.

Se necesitaba un grandes ligas, no un novato, Ni una persona cuestionada. Ahí está el detalle. 

El actual gerente policial podrá tener todas las buenas intenciones del mundo, pero gobernar una institución como la Policía Nacional exige mucho más que buenas intenciones. Exige experiencia, carácter, capacidad de mando y dominio de la situación.

Por eso, en Navarrete, fue por lana, por protagonismo o por fama —como se quiera llamar— y terminó, políticamente hablando, trasquilado, desacreditado y con el susto todavía en el cuerpo. Eso nos cuentan testigos osculares.

Pero, hasta aquí llegamos con ese tema. Ahora le toca al presidente Abinader actuar.

En la Policía Nacional hay demasiados problemas como para continuar retrujando indefinidamente una discusión que ya está sobre la mesa. El país necesita respuestas, no explicaciones interminables.

Y nadie ha puesto en duda la seriedad del presidente Abinader ni sus buenas intenciones. Pero hay una verdad que no admite maquillaje: Con buenas intenciones no se gobierna el mercado.

No se va al mercado, porque los víveres y los productos agrícolas están por las nubes.

No se va al colmado, porque se han convertido en verdaderas casas de terror para el bolsillo. Los precios suben y parece que nadie les pone el freno.

Tampoco se puede ir tranquilamente a la farmacia. Los medicamentos han alcanzado precios escandalosos y, para muchas familias, comprarlos se ha convertido en un verdadero sacrificio.

Ni hablar de los servicios de agua y electricidad: tarifas más caras, escasez y apagones por doquier.

¿Y los hospitales? 

Una vergüenza en demasiados casos.

En la República Dominicana,  hay miles y miles de ciudadanos tragándose un cable para poder llevar comida a sus hogares.

Así marcha nuestro país: azulito por fuera, pero con demasiadas sombras por dentro; calles donde mucha gente camina con miedo, inseguridad y temor de convertirse en la próxima víctima.

Y ojo con esto! Hay denuncias de que en Hondo Valle y otras localidades fronterizas estarían circulando vehículos de procedencia haitiana sin haber pagado los correspondientes derechos aduanales y utilizando matrículas y placas dominicanas que, según las denuncias, podrían ser fraudulentas. Eso hay que investigarlo. 

Pero, sin contemplaciones, sin padrinos y sin mirar hacia otro lado. Porque si las denuncias son falsas, que se demuestre. Y si son ciertas, que caigan los responsables, sean quienes sean.

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