Correazos, respeto y apodos
La historia real del verso más expresivo de Sabana Larga en Elías Piña

De cómo un verso callejero resumía el código moral de un pueblo
- EL VERSO PROHIBIDO
En Sabana Larga, Distrito Municipal de Elías Piña, había un verso que ningún muchacho entre 10 y 15 años se atrevía a gritar dos veces: «Si Pasin puya a Mama Madre con la Ñema Sepelea».
No era poema. Era dinamita. Porque cada palabra era una persona de carne y hueso. Gente seria. Compadres y comadres de nuestros padres. Padrinos de medio pueblo.
- LOS DUEÑOS DEL NOMBRE
Pasin Morillo: Panadero, comerciante, solidario. Compadre de mi padre, Octavio De Oleo -Tavito-, agricultor respetado de la zona. Pasin era querido. Cuando faltaba pan, él fiaba. Cuando sobraba, regalaba.
Puya: Hombre serio, pariente de Pasin. Derecho como una vara.
Mama y Madre: Hermanas de la misma estirpe. Mujeres de trabajo, de iglesia y de carácter.
Ñema: También de la familia. Nombre duro, pero corazón blando.
Sepelea: El hermano mayor. Dueño del colmado de la comunidad. Si no tenías dinero, te daba la comida y apuntaba en una libreta que nunca cobraba. Muy querido.
Todos eran padrinos de casi todos los niños de la zona. Por eso el verso dolía doble: era faltarle a la familia y al respeto.

- LA LEY DEL CORREAZO
Cuando un muchacho rebelde o malicioso quería alborotar esa comunidad pacífica, solo tenía que pararse en el parque y gritar el verso. No duraba 5 minutos.
El castigo venía por partida doble:
- El progenitor del niño irrespetuoso lo ajusticiaba con correa de cuero o lazo de atar ganado.
- Uno de los afectados estaba autorizado a darle su merecido. Y lo daba.
En Sabana Larga se aprendía a respetar a golpes. Porque el nombre ajeno no era relajo. Era herencia.
- EL ALMANAQUE BRISTOL Y LA FÁBRICA DE NOMBRES
En esas comunidades del Sur, las familias eran numerosas. Los matrimonios procreaban muchos hijos y no querían repetir nombres para evitar confusión.
En las Oficialías Civiles reinaba el Almanaque Bristol. De ahí salían los nombres. Pero al agotarse las páginas, aparecían los del «Al Reverso»: Cosita, Guebito, Guebón, Tontón, Ñema, Chota.
Y en comunidades más «avanzadas» para la época, como El Cercado, aparecían ciudadanos bautizados con toda la geopolítica encima: George Washington De Oleo Montero, Hillary Clinton Montero, Donald Reagan De Oleo, Lincoln De Oleo.
El oficial civil no preguntaba. Solo escribía. Y el muchacho cargaba con eso toda la vida.
- DE LA MOFA AL ORGULLO
Esas personas de quienes hacíamos mofa o bullying por sus nombres en Sabana Larga, han sido el referente moral y de formación familiar. Sirvieron de soporte tanto a sus descendientes como a compueblanos.
Pasin, Puya, Mama, Madre, Ñema, Sepelea: ya todos fallecidos. Pero sus familiares y amigos exhiben ese abolengo con orgullo y dignidad.
Porque en el campo, el nombre no te hace. Te hace cómo lo llevas. Y ellos lo llevaron con el lomo recto.
En Sabana Larga aprendimos tarde que Puya no puyaba, Ñema no era relajo y Sepelea no peleaba. Eran columnas de un pueblo. Y el que gritó el verso de muchacho, hoy baja la cabeza cuando pasa por sus tumbas.
Moraleja de campo: Te puedes reír del nombre, pero no del hombre. En Elías Piña, los nombres raros criaron gente seria. Y los muchachos que hicieron bullying, terminaron pidiendo fiado en los colmados de Pasin y Sepelea.



