OPINION

Correazos, respeto y apodos

La historia real del verso más expresivo de Sabana Larga en Elías Piña

 

De cómo un verso callejero resumía el código moral de un pueblo

  1. EL VERSO PROHIBIDO

En Sabana Larga, Distrito Municipal de Elías Piña, había un verso que ningún muchacho entre 10 y 15 años se atrevía a gritar dos veces: «Si Pasin puya a Mama Madre con la Ñema Sepelea».

No era poema. Era dinamita. Porque cada palabra era una persona de carne y hueso. Gente seria. Compadres y comadres de nuestros padres. Padrinos de medio pueblo.

  1. LOS DUEÑOS DEL NOMBRE

Pasin Morillo: Panadero, comerciante, solidario. Compadre de mi padre, Octavio De Oleo -Tavito-, agricultor respetado de la zona. Pasin era querido. Cuando faltaba pan, él fiaba. Cuando sobraba, regalaba.

Puya: Hombre serio, pariente de Pasin. Derecho como una vara. 

Mama y Madre: Hermanas de la misma estirpe. Mujeres de trabajo, de iglesia y de carácter. 

Ñema: También de la familia. Nombre duro, pero corazón blando. 

Sepelea: El hermano mayor. Dueño del colmado de la comunidad. Si no tenías dinero, te daba la comida y apuntaba en una libreta que nunca cobraba. Muy querido.

Todos eran padrinos de casi todos los niños de la zona. Por eso el verso dolía doble: era faltarle a la familia y al respeto.

 

  1. LA LEY DEL CORREAZO

Cuando un muchacho rebelde o malicioso quería alborotar esa comunidad pacífica, solo tenía que pararse en el parque y gritar el verso. No duraba 5 minutos.

El castigo venía por partida doble: 

  1. El progenitor del niño irrespetuoso lo ajusticiaba con correa de cuero o lazo de atar ganado.
  2. Uno de los afectados estaba autorizado a darle su merecido. Y lo daba.

En Sabana Larga se aprendía a respetar a golpes. Porque el nombre ajeno no era relajo. Era herencia.

  1. EL ALMANAQUE BRISTOL Y LA FÁBRICA DE NOMBRES

En esas comunidades del Sur, las familias eran numerosas. Los matrimonios procreaban muchos hijos y no querían repetir nombres para evitar confusión.

En las Oficialías Civiles reinaba el Almanaque Bristol. De ahí salían los nombres. Pero al agotarse las páginas, aparecían los del «Al Reverso»: Cosita, Guebito, Guebón, Tontón, Ñema, Chota.

Y en comunidades más «avanzadas» para la época, como El Cercado, aparecían ciudadanos bautizados con toda la geopolítica encima: George Washington De Oleo Montero, Hillary Clinton Montero, Donald Reagan De Oleo, Lincoln De Oleo.

El oficial civil no preguntaba. Solo escribía. Y el muchacho cargaba con eso toda la vida.

  1. DE LA MOFA AL ORGULLO

Esas personas de quienes hacíamos mofa o bullying por sus nombres en Sabana Larga, han sido el referente moral y de formación familiar. Sirvieron de soporte tanto a sus descendientes como a compueblanos.

Pasin, Puya, Mama, Madre, Ñema, Sepelea: ya todos fallecidos. Pero sus familiares y amigos exhiben ese abolengo con orgullo y dignidad.

Porque en el campo, el nombre no te hace. Te hace cómo lo llevas. Y ellos lo llevaron con el lomo recto.

En Sabana Larga aprendimos tarde que Puya no puyaba, Ñema no era relajo y Sepelea no peleaba. Eran columnas de un pueblo. Y el que gritó el verso de muchacho, hoy baja la cabeza cuando pasa por sus tumbas.

Moraleja de campo: Te puedes reír del nombre, pero no del hombre. En Elías Piña, los nombres raros criaron gente seria. Y los muchachos que hicieron bullying, terminaron pidiendo fiado en los colmados de Pasin y Sepelea.

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