El ladrón está adentro: Los dulces de doña Juana

Sabaneta, Santiago Rodríguez
Desde la emisora, donde Rosanny, productora y periodista, y su equipo de producción acapara la audiencia de noche en la Región Noroeste, ella me contó una bella historia de su madrina Juana y yo la hago pública para compararla con la endémica corrupción que nos desangra.
Doña Juana, de Mata de Jobo. Madrina de Rosanny. Cinco muchachos y un marido que se desbarata en la finquita. Ella, entre fogón y batea, amasaba coco, azúcar prieta y sudor. Sus tabletas y postecitos de leche mantenían la casa. Fama en toda la comarca.

Pero el negocio tenía un hueco: siempre faltaban. Contaba 100 tabletas y al vender había 87. Los pedidos para San Ignacio salían mochos. La vergüenza era de ella.
Doña Juana crió con mano dura y con rezo. Tres hembras, un varón. Escuela de antes. Por eso no le cabía esa INDECADEZA. Los juntó: “Uno de ustedes me está robando. Si no aparece el culpable, los llevo donde Nando, el Segundo Alcalde. Prefiero verlos presos que sinvergüenzas”.
Se calmó una semana. A la siguiente, peor. Puñados completos. Se le iba el negocio y la moral.
Los trancó. “48 horas les doy. O me dicen quién es, o los entrego”. El marido solo dijo: “Juana, yo no soy. Yo llego a dormir”. Olía a tierra, no a dulce.
El lunes, 5 de la mañana, se le pegaron de la falda sus 2 hijas pequeñas: “Mamá, ¿usted ya sabe quién es el ladrón, verdad? Es alguien de afuera que viene de noche, ¿cierto?”
Doña Juana apagó el fogón. Las miró duro. Y soltó la verdad: “Mis hijas, el infiel está aquí adentro cometiendo INDECADEZAS”
Esa es RD. Ese es el continente.
Desde 1492 nos enseñaron a cuidar el muelle. Y todavía estamos con la escopeta apuntando al mar, mientras en la mesa se reparten el país.
La corrupción endémica no llegó en carabela. Se bautizó aquí. Aprendió a hablar con acento cibaeño. Se hizo síndico, diputado, ministro. Y ahora tiene yipeta y seguridad.

Doña Juana es Quisqueya. Trabaja. Produce. Endulza. Y sus propios hijos la atracan por la cocina. Le roban el esfuerzo, la dignidad y la cara frente al cliente, que es el pueblo.
¿Y Nando, el Segundo Alcalde? También come dulce. Por eso el expediente no camina. Por eso la amenaza no asusta. Porque la autoridad es familia del ladrón.
Por eso el puente de Guayubín se cae. Por eso el hospital de Sabaneta no tiene yelco. Por eso el liceo de Los Almácigos pide cuotas. Porque el ladrón está adentro, contando las tabletas que él mismo se robó.
No busquen más carabelas. El infiel duerme en la casa. Come en la mesa. Y jura que no fue.
Doña Juana lo supo a las 5 de la mañana en Mata de Jobo. RD todavía lo está negando a las 12 del día en el Palacio.
Viva. Real. Y doliendo.



