Terremoto: un árbol mal ubicado puede ser tan peligroso como una pared mal construida

Por Margarita de la Rosa
Mientras las autoridades alertan sobre el incremento de la actividad sísmica en la República Dominicana, hay riesgos que pasan inadvertidos.
No basta con revisar la resistencia de las edificaciones; también es momento de evaluar todo aquello que rodea nuestras viviendas y que podría convertirse en un peligro cuando la tierra tiemble.
Cuando se habla de terremotos, casi toda la atención se concentra en la resistencia de las edificaciones. Ingenieros, arquitectos y autoridades hablan de columnas, vigas, normas antisísmicas y calidad de las construcciones.
Todo eso es imprescindible. Sin embargo, existe otro peligro del que casi nadie habla y que forma parte de una arraigada costumbre de los dominicanos: sembrar árboles demasiado cerca de las viviendas y dejarlos crecer sin ningún control.
En muchos sectores del país es común encontrar enormes matas de mango, aguacate, caoba, samán y otras especies a pocos metros de una casa, de una habitación, de una terraza o incluso del inmueble vecino.
Muchas fueron sembradas con la mejor intención, buscando sombra o disfrutar de sus frutos. El problema comienza cuando pasan los años y esos árboles alcanzan alturas equivalentes a tres o cuatro pisos, mientras sus raíces se expanden silenciosamente bajo el suelo.
Un árbol no solo crece hacia arriba. También lo hace hacia abajo. Su sistema de raíces puede extenderse varios metros, levantar aceras, afectar muros de contención, penetrar tuberías, debilitar el terreno y provocar daños estructurales, especialmente en terrenos inclinados o con poca estabilidad.
En un país ubicado sobre importantes fallas geológicas y donde las autoridades han informado sobre una mayor actividad sísmica, resulta oportuno revisar también estos riesgos.
Durante un terremoto, un árbol de gran tamaño puede comportarse como una enorme palanca. La vibración del terreno puede desprender ramas de gran peso o provocar la caída del árbol completo, especialmente si el suelo pierde estabilidad o ya presenta humedad y erosión.
Las consecuencias pueden ser devastadoras para viviendas, vehículos y, sobre todo, para las personas.
La experiencia de los huracanes ya nos ha dejado suficientes lecciones. Cada temporada ciclónica vemos árboles desplomados sobre techos, postes del tendido eléctrico y vehículos.
Un sismo fuerte podría generar situaciones similares, pero de forma súbita y sin tiempo para reaccionar.
Y no se trata únicamente de los árboles.
También representan riesgos otros elementos que muchas veces ignoramos:
Muros perimetrales deteriorados o construidos sin suficiente refuerzo.
Tanques elevados de agua mal anclados.
Tinacos y equipos pesados instalados sobre los techos sin la debida fijación.
Balcones, cornisas y marquesinas con grietas o visibles signos de deterioro.
La prevención no consiste únicamente en construir bien. También implica mantener un entorno seguro alrededor de nuestras viviendas.



