¿Puede la solidaridad borrar la memoria?

Por Margarita de la Rosa
Hay noticias que, más que provocar admiración, obligan a reflexionar.
Israel anunció el envío de una delegación oficial para colaborar con Venezuela tras el devastador terremoto que ha dejado víctimas, destrucción y dolor.
Como principio humano, toda ayuda a un pueblo que sufre una tragedia natural merece reconocimiento. Salvar vidas nunca será un acto censurable.
Pero esa noticia también deja una profunda contradicción.
¿Cómo no recordar que el mismo Estado que hoy envía rescatistas y asistencia humanitaria es objeto de fuertes críticas internacionales por la conducción de la guerra en Gaza?
Durante meses, el mundo ha contemplado imágenes de ciudades devastadas, hospitales afectados, familias enteras destruidas y miles de civiles muertos, entre ellos un gran número de niños, según organismos internacionales y agencias humanitarias.
Por eso, para muchos, la solidaridad llega acompañada de una inevitable pregunta sobre la coherencia.
No se trata de rechazar la ayuda destinada al pueblo venezolano. Quien está atrapado bajo los escombros necesita manos que lo rescaten, sin importar la bandera de quien las tienda. La ayuda humanitaria nunca debe convertirse en rehén de las diferencias políticas.
Pero tampoco debemos olvidar que la autoridad moral de un Estado no se construye únicamente enviando brigadas de rescate cuando ocurre una tragedia. También se construye con el respeto permanente a la vida humana, incluso en medio de los conflictos armados.
La solidaridad no puede ser un gesto ocasional mientras, en otros escenarios, el sufrimiento de miles de civiles sigue ocupando los titulares del mundo. La vida de un niño venezolano vale exactamente lo mismo que la de un niño palestino. El llanto de una madre que pierde a su hijo bajo los escombros de un terremoto tiene el mismo dolor que el de una madre que lo pierde en una guerra.
Esa es la medida con la que deberíamos juzgar a todos los Estados, sin excepciones y sin dobles raseros.
Porque la verdadera humanidad no consiste en acudir después del desastre. Consiste, sobre todo, en hacer todo lo posible para que el desastre nunca ocurra.



