WASHINGTON–RD–HAITÍ: CRISIS INMINENTE
La crisis migratoria se agudiza tras la política de deportaciones de Washington y amenaza con provocar un nuevo efecto rebote sobre la frontera dominicana.

EE. UU. DA EL TIRO DE GRACIA Y RD PAGARÁ LA CUENTA
Mientras en Santo Domingo seguimos entretenidos con bonos, pensiones y precandidaturas a destiempo, en el norte de Haití se está gestando una bomba de tiempo que va a estallar directamente en la frontera dominicana.
Me refiero a Cap-Haïtien. La histórica Ciudad del Cabo haitiana. La que fue cuna de la Revolución. Hoy convertida en el basurero humano de la política migratoria de Washington.
CNN lo acaba de documentar: residentes de Cap-Haïtien afirman que no están preparados para acoger a los deportados. Y no lo están. Esa ciudad ya no aguanta más.
I. CAP-HAÏTIEN: UNA CIUDAD QUE YA COLAPSÓ
Cap-Haïtien no es una ciudad. Es un campamento gigante de desplazados desde el terremoto de 2010. Allí llegan los que huyen de Puerto Príncipe, controlado por bandas; del hambre, del cólera y del caos.
Es una ciudad sin agua potable estable, sin electricidad, sin empleos, sin Estado. Una ciudad donde, como dice la prensa internacional, está al lado de Labadee, la playa privada para cruceros estadounidenses, y de Isla Tortuga, ruta de traficantes de personas.
Ese es el contraste brutal de Haití.
Y ahora, EE. UU. decidió enviar para allá a todos los deportados. Porque a Puerto Príncipe no puede volar: hasta los aviones de American Airlines fueron baleados por pandillas.
El jueves llegaron los primeros 161. La Oficina Nacional de Migración de Haití lo confirmó. Pero EE. UU. ya advirtió: serán, como mínimo, dos vuelos por semana, de 200 personas cada uno.
Estamos hablando de casi medio millón de personas que perdieron el TPS.
¿A dónde cree usted que van a ir 400,000 personas que no tienen casa, ni trabajo, ni seguridad en Cap-Haïtien?
La respuesta la sabemos todos.
II. EL TIRO DE GRACIA DE WASHINGTON
Hay que decirlo claro: EE. UU. le dio el tiro de gracia a Haití al eliminar el programa TPS.
Durante años, ese programa fue una válvula de escape. Mantenía a 350,000 haitianos trabajando legalmente en EE. UU., enviando remesas que sostenían a Haití. Era, mal o bien, un respiradero.
Al quitarlo de golpe, sin un plan de reintegración, sin coordinar con ningún organismo internacional, Washington ha creado la tormenta perfecta.
Haití no tiene gobierno electo. No tiene instituciones. Tiene bandas que controlan el 90 % de la capital y todas las carreteras. El Departamento de Estado de EE. UU. mismo dice que es un país peligroso al que ningún estadounidense debe viajar.
Y, sin embargo, los manda para allá.
Para que duren 48 horas y luego cojan el camino que conocen: la frontera dominicana.
III. RD, LA VÍCTIMA FINAL DE ESTA CRISIS FABRICADA
Y aquí viene lo que nos duele a nosotros.
República Dominicana es, y ha sido por décadas, la verdadera víctima de la migración ilegal haitiana. No por xenofobia, sino por realidad geográfica y económica.
Somos el único país del mundo que comparte isla con un Estado colapsado. Y somos el único país que, sin ser rico, carga con hospitales, escuelas y presupuesto para una población migrante que no para de crecer por la inestabilidad social, política, económica e institucional del vecino.

Si Cap-Haïtien colapsa con 400,000 deportados que no se quedarán allí, ¿cuál es la ruta natural?
Dajabón, Montecristi, Elías Piña, Pedernales, Jimaní.
Ya nuestras maternidades tienen más de 35 % de partos haitianos. Ya nuestro presupuesto de salud fronterizo está desbordado. Ya nuestras escuelas y nuestros barrios en Santiago, en Bávaro y en el Gran Santo Domingo sienten la presión.
Imagínese ahora una nueva avalancha de miles de personas desesperadas, que hablan inglés porque vivieron 15 años en EE. UU., que no tienen nada que perder y que ven a RD como el único territorio estable al que pueden llegar caminando.
¡Ojo! VIENE UNA DESESTABILIZACIÓN EN LA ZONA
Este es el llamado de alerta. No es discurso de odio. Es geopolítica básica.
Para Washington: no pueden deportar masivamente a Haití sin financiar un plan de contención regional. Si tiran a 400,000 personas a Cap-Haïtien, deben entender que no se quedarán en Cap-Haïtien.
Terminarán en territorio dominicano, desestabilizando al único aliado estable que tienen en el Caribe.
Para Santo Domingo: el Gobierno dominicano no puede seguir mirando para otro lado. Necesitamos, desde ya, reforzar la frontera no solo con militares, sino con diplomacia.
Hay que ir a Washington y decirlo sin miedo: “Ustedes están creando una crisis que va a rebotar contra nosotros”.
Necesitamos que la OEA, la ONU y EE. UU. asuman su cuota de responsabilidad.
Para nosotros: dejar de usar la frontera para politiquería. La migración ilegal no se resuelve con un muro que no se termina, ni con operativos de fin de semana para la foto.
Se resuelve con política de Estado, con control biométrico real, con régimen de consecuencias para traficantes y empleadores ilegales, y con inversión en la frontera.
Como decía el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte:
“La política, después de la filosofía, es la más pura de las actividades humanas”.
Pero en RD la dañaron. Y la dañaron cuando convirtieron un tema de seguridad nacional en un negocio electoral.
Que nadie diga después que no se advirtió.



