PROVINCIALES

¿Reír o llorar? La carretera de los parches y el puente que pide auxilio

La vía que acaba de ser reconstruida y ya se está desmembrando: parches, lodo y deterioro antes de que la obra pueda considerarse terminada.

 

Por Jesús Soliver

En mi condición de usuario de la carretera que comunica a la sección Las Cuchillas con el casco urbano de El Seibo, y al igual que los demás ciudadanos que transitan por ella, ya uno no sabe si reír de alegría o llorar de impotencia ante el desastre que exhibe una obra que, antes de terminarse, ya ha tenido que ser intervenida en numerosas ocasiones.

Lo que debía ser una carretera nueva y segura parece haberse convertido en una colección de parches y remiendos. En distintos puntos pueden contarse más de 25 o 30 intervenciones, una situación que obliga a preguntar: ¿qué fue lo que se construyó y bajo qué supervisión?

¡Asfaltaron y a los cinco días salió el lodo!

El caso más escandaloso se observa en el ramal que comunica hacia Coamo y Las Maravillas, específicamente en el tramo comprendido desde la casa del fenecido Chuna hasta el río. Allí, después de asfaltado el tramo, a los cinco días comenzó a brotar el lodo, obligando a romper nuevamente la vía y volver a asfaltarla tras las constantes denuncias de los moradores.

Eso no parece una simple falla menor. Es una señal que merece una explicación técnica seria: ¿cómo se asfaltó una carretera que aparentemente no tenía resuelto el problema del terreno y el drenaje?

¡Y el puente tampoco se salvó!

Pero cuando parecía que ya se había visto de todo, apareció otra sorpresa: en pleno puente construido sobre el río Huma comenzó a brotar material, obligando a excavar en medio de la estructura y colocar otro tremendo parche.

¡Un puente nuevo con parche en el medio! Eso sí que es para preguntar si estamos frente a una obra terminada o frente a una obra que todavía está en período de prueba.

Y para rematar la carga, el puente ubicado en la entrada de la ciudad presenta un avanzado deterioro, convirtiéndose en una preocupación para todos los conductores, motociclistas y peatones que tienen que utilizarlo diariamente.

¿Y dónde están los responsables?

Aquí no se trata simplemente de criticar por criticar. Se trata de una carretera que utilizan diariamente cientos de personas y de una obra pública que, por su naturaleza, debería garantizar seguridad, calidad y durabilidad.

Por eso la pregunta cae por su propio peso: ¿dónde están las autoridades competentes? ¿Quién supervisó la obra? ¿Quién recibió los trabajos? ¿Quién certificó su calidad?

Porque si una carretera nueva necesita más de 25 o 30 parches antes de concluirse, si el lodo brota cinco días después de asfaltarla y si hasta un puente recién construido necesita ser abierto para colocarle un remiendo, entonces alguien tiene que dar una explicación.

Los moradores no están pidiendo un favor. Están reclamando una obra pública bien hecha.

Y mientras nadie responde, queda la advertencia para quienes transitan por allí: ¡sálvese quien pueda!

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