OPINION

El urogallo en celo: cuando la naturaleza pierde la compostura

En los bosques europeos, el instinto reproductivo transforma el comportamiento de esta imponente ave. En el Caribe, el abuso sexual es otra realidad: ninguna conducta animal justifica la violencia humana ni exime de responsabilidad a los agresores.

 

En los bosques fríos de Europa y Asia vive el urogallo, un ave de gran tamaño cuyos machos pueden alcanzar varios kilos de peso. Durante buena parte del año sobrevive en ambientes donde la nieve, las bajas temperaturas y el aislamiento forman parte de su rutina.

Pero llega la primavera y cambia el escenario. Durante la temporada reproductiva, los machos intensifican sus despliegues, emiten sonidos, exhiben su plumaje y compiten por atraer a las hembras.

En pleno cortejo, el urogallo puede pasar largos períodos mostrando su vigor y defendiendo su espacio. Su comportamiento se vuelve particularmente intenso durante el celo, cuando la reproducción domina buena parte de su actividad.

Los machos se exhiben en lugares específicos, donde las hembras acuden para seleccionar pareja. Después del apareamiento, estas se encargan principalmente de la incubación y la crianza, mientras los machos continúan con su comportamiento reproductivo.

Sin embargo, conviene distinguir la observación científica de la exageración: no debe afirmarse, sin pruebas concretas, que el urogallo se queda ciego y sordo por cantar, que intenta copular habitualmente con troncos o que pierde todo control de sus actos.

Del instinto animal a la responsabilidad humana

En el Caribe, la comparación obliga a mirar una realidad mucho más seria: los abusos sexuales y las violaciones cometidos por seres humanos.

El deseo sexual no justifica una agresión. Ninguna persona tiene derecho a someter a otra, y mucho menos a niñas, niños o personas vulnerables. La violencia sexual no es una consecuencia inevitable del instinto: es una conducta por la que el responsable debe responder ante la justicia.

Por eso, la prevención, la denuncia, la investigación rigurosa y la actuación oportuna de las autoridades resultan fundamentales para proteger a las víctimas y evitar que los agresores continúen haciendo daño.

Mientras el urogallo actúa conforme a los mecanismos biológicos de su especie, los seres humanos tenemos conciencia, normas y responsabilidades. La naturaleza puede explicar el instinto; jamás puede servir de excusa para la violación.

En Dominicana han aparecido urogallos, pero humanos…

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