PROVINCIALES

Centinelas del Este afirma no está contra el arroz, está contra la destrucción del río Comate

 

Por la Redacción

BAYAGUANA, Monte Plata, R.D.

La organización ambiental Centinelas del Este ha hecho una precisión fundamental frente a la preocupación generada por el establecimiento de un proyecto de producción de arroz en las proximidades del río Comate: no se opone a la producción agrícola ni a los productores de arroz.

Su reclamo es otro: que ninguna actividad económica, por importante que sea, se desarrolle a costa de comprometer uno de los principales recursos hídricos, ambientales y recreativos de Bayaguana.

La aclaración resulta pertinente. El país necesita producir arroz, pero Bayaguana también necesita agua. Ambas necesidades no tienen por qué ser incompatibles si las autoridades cumplen su responsabilidad de determinar, mediante estudios técnicos y ambientales rigurosos, si un proyecto de esa magnitud puede operar en ese lugar, bajo qué condiciones y con qué garantías.

La preocupación surge por la ubicación del proyecto agrícola y por la extracción de agua del río Comate, aguas arriba del conocido balneario del mismo nombre. Centinelas del Este denunció recientemente haber localizado durante un recorrido una bomba de gran tamaño conectada a tuberías que, según informaciones recogidas por la organización en el lugar, conducirían agua hacia terrenos destinados a la producción de arroz en el paraje La Lometa, próximo a Santa Cruz.

La propia organización ha sido cuidadosa al advertir que sus observaciones no constituyen una determinación oficial sobre la legalidad de las operaciones ni permiten establecer por sí solas las causas de las alteraciones denunciadas en el río. Precisamente por eso reclama la intervención de las instituciones competentes.

Y ahí está el punto central.

No corresponde a una organización comunitaria ni a los residentes determinar científicamente cuánto caudal puede extraerse del Comate sin afectar su equilibrio. Tampoco pueden establecer por simple observación si los fertilizantes, herbicidas, pesticidas u otras sustancias utilizadas en la producción agrícola representan un riesgo para sus aguas.

Eso corresponde a las autoridades.

Medio Ambiente, el INDRHI y las demás instituciones con competencia deben establecer si existen los permisos correspondientes; qué volumen de agua está autorizado a extraerse; cuál es el caudal actual del río y cuál es su capacidad para soportar esa extracción, particularmente en períodos de sequía; qué manejo se dará a los agroquímicos y qué mecanismos impedirán que la escorrentía agrícola llegue al cauce.

La inquietud adquiere todavía mayor dimensión porque el agua del Comate se está tomando antes de llegar a uno de los balnearios más conocidos de Bayaguana, un espacio que durante décadas ha formado parte de la identidad recreativa y turística del municipio.

No se trata, por tanto, de escoger entre arroz y río.

Bayaguana conoce la producción arrocera. La agricultura forma parte de su historia económica y en el municipio existe una importante infraestructura de riego vinculada a esa actividad. El propio INDRHI informó en 2024 que el sistema de riego Yabacao beneficia a cientos de usuarios y decenas de miles de tareas dedicadas al cultivo de arroz.

Esa realidad abre otra interrogante que las autoridades deberían examinar: ¿existen canales o infraestructuras de riego en la zona que puedan rehabilitarse, acondicionarse o utilizarse para garantizar la producción agrícola sin someter directamente al río Comate a una extracción que las comunidades consideran preocupante?

Esa alternativa merece ser estudiada antes de permitir que una explotación arrocera de grandes dimensiones dependa de la extracción directa de un río cuyo caudal sirve también a comunidades, ecosistemas y actividades recreativas.

La preocupación tampoco surge en el vacío. Bayaguana viene padeciendo dificultades con el abastecimiento de agua y residentes y visitantes han denunciado una reducción apreciable del caudal del Comate. Que esa disminución tenga relación o no con el proyecto agrícola debe determinarse técnicamente, no mediante especulaciones.

Por eso la posición planteada por Centinelas del Este resulta razonable: producir, sí; generar empleos y riqueza, también. Pero primero hay que establecer hasta dónde puede llegar una actividad productiva sin poner en riesgo el recurso que pertenece a todos.

El desarrollo económico y la protección ambiental no deberían caminar en direcciones contrarias.

El arroz es necesario.

El agua también. Y sin agua, tampoco hay agricultura.

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