EDUCACION

En Educación, ¿dónde están los supervisores?

Cada año se repite el mismo libreto: faltan aulas, aparecen escuelas en malas condiciones y las autoridades terminan reaccionando cuando ya comenzaron las clases. ¿Dónde está la supervisión que debe detectar y resolver los problemas a tiempo?

Por Augusto Álvarez

Ciertamente, en el Ministerio de Educación hacen falta aulas, profesores y, sobre todo, supervisores capaces de informar oportunamente a sus superiores sobre las dificultades que encuentran en los centros educativos.

A cada inicio del año escolar se repite el mismo escenario: denuncias de escuelas que no están aptas para impartir docencia, problemas de infraestructura, falta de mobiliario y, en algunos casos, hasta condiciones de higiene inaceptables.

Entonces surge la pregunta: ¿por qué estos problemas no se informan a tiempo a las autoridades superiores?

Muy simple: en muchos casos, los supervisores parecen más preocupados por cumplir con una formalidad administrativa que por descender a las comunidades y comprobar personalmente las condiciones en que se encuentran los centros educativos.

Y aquí aparece otro problema: la politización de la supervisión. Hay quienes sostienen que determinados activistas del Partido Revolucionario Moderno (PRM), durante el horario laboral, reciben dietas y cumplen funciones de supervisión sin necesariamente llegar hasta los lugares donde existen las dificultades. En ocasiones, incluso, las verificaciones se realizan por vía telefónica.

Si esto es así, ¿para qué sirven los supervisores?

Un supervisor no puede limitarse a llamar por teléfono desde una oficina. Tiene que llegar al centro educativo, mirar las condiciones, conversar con profesores, estudiantes y padres, levantar un informe y exigir que los problemas sean corregidos.

Algo parecido ocurre con los supervisores de obras. En demasiadas ocasiones se tiene la percepción de que algunos terminan respondiendo más a los contratistas que al propio Ministerio de Educación. Y eso es peligroso, porque quien supervisa una obra pública debe garantizar que el dinero del Estado se utilice correctamente y que los trabajos cumplan con la calidad contratada.

Mientras tanto, el gremio de los profesores continúa acumulando credibilidad entre muchos padres y tutores, precisamente porque son los docentes quienes viven diariamente la realidad de las escuelas y conocen de primera mano sus carencias.

El problema no puede aparecer cada agosto

Ya parece formar parte del sistema educativo dominicano que, cuando comienza el año escolar, vuelvan a aparecer las mismas preguntas: ¿dónde están las aulas?, ¿por qué no repararon esa escuela?, ¿dónde están los pupitres?, ¿por qué todavía hay baños en malas condiciones?

Y la pregunta mayor: ¿para qué existe el 4 % del PIB para la educación si no somos capaces de prevenir problemas que se conocen con meses de anticipación?

No se trata solamente de inaugurar el año escolar, distribuir discursos, entregar útiles o mostrar fotografías de actos oficiales.

La educación comienza mucho antes de que suene el timbre.

Comienza con una escuela en condiciones dignas, profesores disponibles, aulas suficientes, baños higiénicos, pupitres, materiales y supervisores que hagan su trabajo.

Ayer se procedió a suministrar útiles escolares y uniformes. Bien.

Pero queda la pregunta que no puede seguir evadiéndose:

¿Y las clases, realmente, cuándo arrancan como deben arrancar?

Porque abrir las puertas de una escuela no significa que el sistema educativo esté funcionando.

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