
Mensaje 4788
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
Ser discípulo de Cristo implica conflictos y sufrimientos, pero también aporta una gran recompensa. De eso tratan las lecturas de hoy. Una familia sunamita recibe como recompensa de su hospitalidad un hijo varón. La mayor de las recompensas dice Pablo, es compartir la vida en plenitud que nos ha dado el Resucitado.
El evangelio alude a una recompensa en dos direcciones: una, para los mensajeros del Evangelio a quienes les compete el honor de ser representantes de Cristo; otra, para quienes les acogen por ser discípulos, porque recibirán un premio en el cielo.
El relato del pasaje del libro de los Reyes 4, es en favor de la mujer sunamita que acoge en su casa, con toda la esplendidez de que es capaz, al hombre de Dios. Esta acogida no queda sin recompensa, cumpliéndose así una promesa que Jesús hará en el Evangelio de hoy.
El salmo 88 nos invita a aumentar nuestra fe en la Palabra de Dios que nos promete la
salvación, aun cuando nos sintamos rodeados de debilidad y fracaso, debemos decir como el salmista:
“Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.”
Luego llega San Pablo a recordarnos, en su carta a los Romanos 6, que la mayor recompensa que podemos recibir los cristianos es resucitar con Cristo. Si morimos con Él, nuestra recompensa es también la resurrección.
“Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva”. “Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.”
Terminamos nuestra reflexión de hoy con Mateo 10, las condiciones de la nueva vida en seguimiento de Cristo pueden provocar conflictos incluso dentro de la misma familia. La nueva vida funda nuevas relaciones sociales y puede situar ante nuevos compromisos.
Jesús lo formula en tres exigencias que escucharemos en este Evangelio:
- El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí.
- El que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí.
- Y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.
Reafirmándonos luego que, “el que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que les recibe a ustedes me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, se lo aseguro». Palabra del Señor.
Víctor Martinez te pregunta, tú, ¿prefieres a Dios por encima de todo y de todos, muriendo al pecado para vivir para Él? ¿Cómo acoges a los hombres de Dios que se dedican a servirle? ¿Serías capaz de perder tu vida por el Señor? ¿Por qué no decides servirle a Dios, apoyando a quienes le sirven?
Es Matilde Farach, nuestra hermana comprometida con la Palabra de Dios quien nos apoya para que estos mensajes lleguen todos los domingos hasta todos ustedes. Bendícela, Señor.
Hasta la próxima.



