Venezuela: cuando la tierra llora sobre las ruinas de 26 años

Venezuela enfrenta una de las peores tragedias de su historia reciente. A 26 años de una profunda crisis política, económica y social que ha deteriorado sus instituciones y las condiciones de vida de millones de ciudadanos, dos devastadores terremotos agravaron una emergencia humanitaria ya existente.
1. La tragedia que no cesa: 26 años de colapso humano
Venezuela sangra. No es de ayer. Es una herida abierta desde hace 26 años de orden institucional quebrado, de gestión desastrosa y de gobiernos señalados por el pueblo como corrompidos y criminales.
Antes del terremoto, ya había escombros. Escombros morales. Escombros sociales. Escombros de salud.
En lo humano: Familias rotas por el éxodo de más de 8 millones de venezolanos. Abuelos que mueren sin despedirse. Niños que crecen sin patria. La diáspora más grande del continente, cargando maletas y duelo.
En lo social: Un país donde el salario mínimo no compra ni un kilo de harina. Donde la educación se apagó por falta de maestros y de luz. Donde la delincuencia sustituyó al Estado y la impunidad es norma.
En lo sanitario: Hospitales sin agua, sin luz, sin insumos. Médicos huyendo. Pacientes muriendo en camillas por falta de antibióticos. El cáncer, la diabetes y la desnutrición se volvieron sentencias de muerte. La esperanza de vida retrocedió décadas.
26 años donde se saqueó PDVSA, se destruyó la producción, se persiguió la disidencia y se instaló la miseria como política de Estado. Un pueblo rico, condenado a la pobreza por la peor gestión de su historia.
2. Y entonces tembló la tierra: el preaviso de la divinidad
Como si fuera un grito del cielo, como un preaviso de la divinidad de que algo anda mal allí, dos terremotos devastadores de magnitud 7,2 y 7,5 golpearon la costa central de Venezuela la tarde del miércoles 25 de junio. El más fuerte en un siglo.
El epicentro: cerca de San Felipe, Yaracuy, y luego en Yumare. Pero el dolor se concentró en el litoral. La Guaira, una vez más, escenario de una catástrofe natural.
Pueblos como La Guaira y todo el litoral del Estado Vargas están casi destruidos en su totalidad. Edificios e infraestructura colapsados. Decenas de estructuras residenciales y comerciales parcial o totalmente desplomadas. El Aeropuerto Internacional de Maiquetía sufrió serios daños y está cerrado. La autopista Caracas-La Guaira, intransitable.
Los daños son invaluables. Las autoridades dijeron anoche que son varios cientos los fallecidos y casi 2,000 heridos. Los desaparecidos se cuentan por miles, con miles de personas aún debajo de escombros y edificios vueltos añicos. El colapso hospitalario es total. Protección Civil sin equipos ni mapas de riesgo.
La propia Delcy Rodríguez reconoció que La Guaira es “una verdadera tragedia” y el estado más afectado.
3. La historia se repite: la maldición de Vargas
La Guaira conoce el dolor. En 1999, la tragedia de Vargas: deslaves que sepultaron a miles en esa misma franja costera. La historia no olvida.
Venezuela es tierra sísmica. En 1812, el terremoto de Caracas mató a 20 mil y Bolívar dijo: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella”. En 1967, otro sismo mató a 236 en Caracas. En 1997, Cariaco tembló y dejó 73 muertos.
Pero el de ayer fue distinto. Porque encontró a un país sin Estado. Sin cemento, sin acero, sin electricidad. Con una economía que ya caía 2,1% en 2025. Encontró a un pueblo vulnerable, en zonas como Petare con baja resistencia sísmica.

4. Llamado urgente: el mundo no puede mirar a otro lado
Esto no es un desastre natural. Es la suma de dos catástrofes: la de los hombres y la de la tierra.
Por eso, este es un llamado urgente a la comunidad internacional. La Coordinadora Humanitaria de la ONU activó su protocolo de nivel 3, pero el acceso terrestre sigue restringido. Se necesita ayuda ya: rescatistas, maquinaria, hospitales de campaña, agua, medicinas.
La Guaira no puede morir dos veces. El litoral de Vargas no aguanta otra tragedia de 1999. Hay vidas bajo los escombros. Hay niños gritando. Hay madres escarbando con las manos.
Que este terremoto sea más que un preaviso. Que sea un despertar. Que la divinidad, si es que nos habla a través de la naturaleza, encuentre oídos en los gobiernos del mundo.
Venezuela llora. Y nos pone a llorar a todos.
¡Auxilio para Venezuela ya!
El desastre natural encontró a un país marcado por el colapso de los servicios públicos, la migración masiva y la fragilidad de su infraestructura, dejando cientos de fallecidos, miles de heridos y un panorama de destrucción que reclama la solidaridad y la atención urgente de la comunidad internacional.

