OPINION

Cuando el periodismo y la filosofía se encuentran

 

Por Margarita de la Rosa

Durante nuestra caminata vespertina, Rafael y yo terminamos conversando sobre algo que desde hace tiempo me provoca curiosidad. Él, filósofo; yo, periodista. Dos profesiones aparentemente distintas que, sin embargo, llevan muchos años conviviendo también en nuestras conversaciones.

Le comentaba que, sin ser filósofa, cada vez me descubro más atraída por las reflexiones filosóficas. A veces hasta me “engancho” en esa carrera que no estudié, porque me interesa no solamente observar lo que ocurre a nuestro alrededor, sino preguntarme por qué ocurre, qué significa y qué nos dice acerca de la sociedad en que vivimos.

Rafael sostiene que existe una estrecha relación entre filosofía y periodismo. En una primera aproximación, planteaba que el periodista describe la realidad procurando hacerlo con objetividad, mientras el filósofo toma esa misma realidad, la piensa, la interroga y extrae conclusiones.

La idea me pareció interesante, aunque nuestra conversación terminó llevándonos un poco más lejos.

Porque el periodista tampoco se limita a describir. Para informar tiene que observar, investigar, contrastar versiones, establecer relaciones, buscar causas y contextualizar los acontecimientos.

Las preguntas clásicas del oficio —qué ocurrió, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué— ya constituyen una manera de interrogar la realidad.

La filosofía profundiza esa interrogación. Frente al mismo acontecimiento puede preguntarse qué significa, qué principios están comprometidos, qué nos revela sobre la justicia, la libertad, el poder, la verdad, la responsabilidad o la propia condición humana.

Ahí descubrimos el punto donde ambas disciplinas se encuentran.

El periodismo necesita de los hechos. La filosofía busca penetrar en el significado y los fundamentos de esos hechos. Pero el periodista que investiga una realidad termina muchas veces preguntándose por sus causas profundas y sus consecuencias humanas; y la filosofía que reflexiona sobre la sociedad necesita conocer la realidad concreta para no quedarse únicamente en la abstracción.

En el periodismo de opinión ese encuentro resulta todavía más evidente. Ya no basta con contar lo ocurrido. Partiendo siempre de hechos verificables, analizamos, cuestionamos, argumentamos y tratamos de comprender qué hay detrás de ellos.

Quizás por eso, después de tantos años ejerciendo el periodismo, me atraen cada vez más esas reflexiones que solemos llamar filosóficas. No porque pretenda convertirme en filósofa a estas alturas del camino, sino porque he descubierto que informar sobre la realidad inevitablemente despierta el deseo de comprenderla.

Al final de nuestra caminata, Rafael y yo coincidimos en una idea que resume aquella conversación: El periodismo busca comprender la realidad a partir de los hechos; la filosofía busca comprenderla interrogando sus fundamentos. Y cuando el periodista, después de investigar los hechos, se pregunta por su significado, sus causas profundas y sus consecuencias humanas, el periodismo y la filosofía comienzan a conversar.

Y quizás llevan conversando mucho más tiempo de lo que pensamos.

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