¿Qué tenemos en la «reforma» de la Policía Nacional?

Por Augusto Álvarez
El ciudadano Miguel Antonio Lucas (Miguelito), apresado el pasado 8 de este mes y mantenido bajo custodia en la Policía, en la sede central de San Cristóbal, sin que se le presentara una acusación formal, de acuerdo con familiares, murió dentro del cuartel.
En un primer momento se alegó que falleció a causa de leptospirosis.
Sin embargo, posteriormente un reconocido laboratorio estableció que presentaba evidencias de haber sido golpeado.
¿Por qué se violó el plazo legal para someterlo a la justicia o ponerlo en libertad?
¿Así es como avanza la llamada «reforma» de la Policía Nacional?
Mientras tanto, en el municipio de Mao, provincia Valverde, dos agentes de la institución habrían violado sexualmente a una joven de nacionalidad haitiana, sin que hasta la fecha se conozcan medidas concretas contra un cabo y un raso señalados como presuntos responsables.
No quisiéramos creer que el hecho de que la víctima sea una joven extranjera sirva de pretexto para dejar sin castigo a los responsables. La justicia debe aplicarse sin importar la nacionalidad de la víctima.
Cuando agentes llamados a hacer cumplir la ley terminan siendo señalados por presuntamente violarla, surge una pregunta inevitable: ¿es ese el rumbo que marca la reforma policial?
Resulta difícil para el director general de la Policía Nacional enderezar el rumbo de la institución sin antes sacudir sus cimientos. Primero habrá que «remecer la mata» para que caigan los frutos podridos. Solo entonces podrá hablarse de una verdadera transformación y no de una reforma que, para muchos, sigue siendo más un discurso que una realidad.


