OPINION

Cuba: antes del baño de sangre, que hablen las potencias

 

Por la Dirección

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Estados Unidos, China y Rusia deberían sentarse a discutir el futuro de Cuba.

No para repartirse la isla. No para imponer otro gobierno desde el extranjero. Y mucho menos para convertir a los cubanos en piezas de un nuevo tablero geopolítico.

La prioridad debe ser otra: ayudar a encontrar una salida pacífica a una crisis política, económica y social que no puede prolongarse indefinidamente.

Una crisis que ya está al borde del colapso, pero que podría ir mucho más allá, convertirse en una verdadera tragedia nacional para el pueblo cubano.

La dirigencia cubana debería aceptar una transición ordenada, abrir espacio a las libertades, permitir la participación política y crear las condiciones para que el pueblo pueda decidir democráticamente su futuro.

Y si quienes han gobernado durante décadas, poseen riquezas acumuladas de manera ilícita, esas fortunas deben ser sometidas a investigaciones y procesos legales independientes. Nadie debería poder llevarse impunemente lo que no le pertenece.

China, Rusia, Estados Unidos, Europa y los países latinoamericanos pueden contribuir como garantes de una transición pacífica, pero la decisión final debe corresponder a los cubanos.

Porque hay algo que todos deberían entender, y es que cuando un pueblo pierde el miedo, la historia comienza a moverse.

Cuba todavía tiene la oportunidad de cambiar por la vía pacífica.

Pero si el autoritarismo continúa cerrando todas las puertas, acumulando hambre, frustración y desesperanza, nadie puede asegurar que la explosión social no termine llegando.

Antes del baño de sangre, que se abra la puerta al diálogo.

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