Septiembre de 2001: la hora cero en la Zona Cero

Al salir del tren 6, en Trinity, para iniciar la demolición aquel 11 de septiembre de 2001, estaba a unos 700 metros del lugar donde impactó uno de los aviones cargados de muerte, en un atentado que no solo derribó las Torres Gemelas del World Trade Center, sino que también transformó para siempre las políticas de seguridad y migración de Estados Unidos.
El entonces presidente George W. Bush, al ser informado de que las Torres Gemelas habían sido atacadas, regresó a Washington desde Florida y, de inmediato, comenzó una cacería que cambiaría el rostro de la seguridad estadounidense.
Una cacería que, unida a la posterior y cuestionada actuación de los organismos de inmigración, entre ellos ICE, se ha prolongado en el tiempo.
Ahora bien, quizás por los extremos niveles de seguridad, resulta llamativo observar cómo los trabajadores de servicios y demolición, contratados por compañías privadas, pueden acceder a centros de trabajo —incluidos edificios estatales y federales— antes, durante y después de sus jornadas, bajo estrictos controles de seguridad.
Pero hay algo que llama poderosamente la atención: los intocables parecen seguir siendo intocables.
Detrás de la mansión del presidente Donald Trump, en la calle 36 de Manhattan, estuvimos realizando trabajos de demolición en el interior de un edificio y ni siquiera observamos ese morboso despliegue de agentes policiales o del Servicio Secreto que uno pudiera imaginar alrededor de determinados lugares.
Posiblemente, antes de ingresar a esas zonas consideradas sensibles o restringidas, cada trabajador ya había sido previamente investigado y depurado por las autoridades.
Después del derribo de las Torres Gemelas, la cacería no dio tregua. Y, de una u otra manera, todavía persiste.
Han pasado 25 años.
El mundo cambió después de aquel 11 de septiembre. Cambiaron las fronteras, cambiaron los controles, cambiaron las leyes migratorias, cambió la seguridad y cambió, incluso, la forma en que Estados Unidos mira al extranjero.
Pero queda una pregunta que todavía golpea como aquella mañana en la Zona Cero: ¿realmente todo cambió después de 2001?



