Adolf Hitler: Del pintor frustrado y preso por alta traición al poder absoluto

Del sueño de ser pintor a la cárcel por alta traición. De ahí al poder absoluto que estremeció a Europa y cambió la historia del mundo. Pero lo más histórico, desató la Segunda Guerra Mundial y llevó a Europa a uno de los mayores cataclismos de su historia.
PARTE I
Por Augusto Álvarez
Hay historias políticas que parecen sacadas de una novela, pero la de Adolf Hitler supera cualquier ficción.
Antes de convertirse en uno de los personajes más determinantes y devastadores del siglo XX, Hitler había intentado abrirse camino en el mundo de las artes.
Desde joven buscó una carrera como artista visual, pero no logró convertir esa aspiración en una profesión estable.
Su camino terminó tomando otro rumbo. En noviembre de 1923, Hitler y el Partido Nazi intentaron derribar por la fuerza al Gobierno de Baviera y utilizar ese movimiento para marchar sobre Berlín y derrocar al Gobierno alemán.
El llamado Putsch de la Cervecería fracasó, Hitler fue arrestado y posteriormente condenado por alta traición. Un tribunal de Múnich le impuso cinco años de prisión, aunque cumplió solamente una parte de la condena y fue liberado en diciembre de 1924.
De la cárcel a la política
La prisión no significó el final de Hitler. Por el contrario, se convirtió en una etapa decisiva para la construcción de su proyecto político.
Durante su encarcelamiento comenzó a dictar Mein Kampf (Mi lucha), obra en la que expuso componentes esenciales de su ideología nacionalista, racista, antisemita y expansionista.
Después de salir de prisión, Hitler abandonó el intento de conquistar el poder mediante un golpe directo y concentró sus esfuerzos en utilizar los mecanismos políticos de la República de Weimar para llevar al Partido Nazi al Gobierno.
Y ahí aparece uno de los capítulos más sorprendentes de esta historia. El hombre que había sido condenado por alta traición terminó entrando al Gobierno alemán por la vía institucional.
El 30 de enero de 1933, el presidente Paul von Hindenburg nombró a Hitler canciller de Alemania. No fue elegido directamente para ese cargo ni llegó mediante un golpe de Estado en ese momento. Su nombramiento se produjo dentro del sistema constitucional de entonces, después del crecimiento electoral del Partido Nazi y de negociaciones políticas entre las élites conservadoras.
Del cargo de canciller a la dictadura
Una vez en el poder, Hitler transformó rápidamente el sistema político alemán. La Ley Habilitante de marzo de 1933 amplió extraordinariamente sus facultades y permitió avanzar hacia una dictadura.
Tras la muerte de Hindenburg en agosto de 1934, Hitler eliminó la Presidencia como cargo separado y concentró en sus manos las funciones de jefe de Estado y jefe de Gobierno, adoptando el título de Führer.
Así terminó el recorrido de aquel joven que había querido dedicarse al arte y que posteriormente pasó por una prisión alemana, de aspirante a pintor, a agitador político. De condenado por alta traición, a canciller, y finalmente, a dictador de Alemania.
La historia de Hitler obliga a mirar con especial atención y a formular una pregunta que todavía resulta incómoda: ¿cómo pudo un hombre con una condena penal previa llegar a la cúspide del poder político de una de las principales potencias de Europa?
Pero, es importante señalar el protagonismo de Adolf Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Fue histórico, jugó un papel central. Desde la Alemania nazi impulsó una política expansionista que desembocó en la invasión de Polonia, el 1 de septiembre de 1939, hecho que provocó la declaración de guerra de Reino Unido y Francia y marcó el inicio del conflicto en Europa.
Bajo su liderazgo, Alemania ocupó gran parte del continente y posteriormente atacó a la Unión Soviética, mientras el régimen nazi emprendía la persecución y exterminio sistemático de millones de personas, incluido el asesinato de aproximadamente seis millones de judíos durante el Holocausto.
La guerra terminó en Europa, en mayo de 1945, con la derrota de la Alemania nazi y dejó decenas de millones de muertos y un continente devastado.
Ahora bien, Hitler no fue el único personaje relacionado con el mundo de las artes, las letras, el cine, la comunicación o el espectáculo que terminó llegando al poder en distintos países.
La historia registra otros casos de escritores, actores, comediantes, músicos y figuras públicas que pasaron de los escenarios, las páginas o las pantallas a los palacios de Gobierno.
Pero el caso de Adolf Hitler ocupa un lugar aparte por la dimensión de su poder, la transformación que impuso al Estado alemán y las consecuencias catastróficas que su régimen desencadenó en Europa y en el mundo.


