Irán y EE.UU. negocian con una mano y disparan con la otra
Teherán y Washington dicen buscar la paz, pero los ataques militares continúan. El estrecho de Ormuz sigue siendo la bomba de tiempo que puede incendiar todo Oriente Medio.

ORIENTE MEDIO
Mientras diplomáticos de Irán y Estados Unidos intentan construir un acuerdo que reduzca las tensiones en la región, los militares de ambos países parecen empeñados en demostrar exactamente lo contrario.
Las negociaciones continúan abiertas y existen señales de acercamiento en algunos temas, pero los principales puntos de conflicto siguen bloqueando un acuerdo definitivo. El programa nuclear iraní, el futuro del estratégico estrecho de Ormuz, las sanciones económicas y el descongelamiento de activos iraníes permanecen como obstáculos difíciles de superar.
Diversos informes señalan que, tras reuniones de alto nivel en Washington, la administración estadounidense endureció sus exigencias respecto a las condiciones para un eventual acuerdo, provocando fuertes críticas desde Teherán.
El asesor militar iraní Mohsen Rezaee acusó a Washington de mantener una postura excesivamente rígida, mientras que el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, reiteró que la República Islámica no aceptará compromisos que, a su juicio, afecten los derechos y la soberanía nacional.
Ataques con misiles, mientras hablan de paz
La situación se ha vuelto aún más peligrosa porque las conversaciones diplomáticas avanzan en paralelo con acciones militares.
La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) informó este lunes que lanzó un ataque contra una base aérea utilizada, según Teherán, para una operación estadounidense contra una torre de comunicaciones ubicada en la isla iraní de Sirik, en la provincia de Hormozgán.
Por ahora, diplomáticos y generales avanzan en direcciones opuestas. Los primeros hablan de acuerdos. Los segundos hablan con misiles. Y en medio de esa peligrosa contradicción, Oriente Medio sigue caminando por el borde del abismo.
De acuerdo con el comunicado iraní, la Fuerza Aeroespacial del CGRI atacó directamente las instalaciones desde donde habría partido la agresión y aseguró que los objetivos fueron destruidos.
Además, las autoridades iraníes advirtieron que cualquier nueva acción militar estadounidense provocará una respuesta mucho más contundente.
La advertencia fue clara: cualquier escalada futura será responsabilidad exclusiva de Washington.
EE.UU. golpea en Qeshm y Goruk
Por su parte, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó ataques contra estaciones de radar, centros de mando y estructuras utilizadas para el control de drones en la isla de Qeshm y en las proximidades de Goruk.
Washington justificó la operación alegando que actuó en respuesta a acciones militares iraníes, incluido el derribo de un dron estadounidense MQ-1 que, según Teherán, había penetrado ilegalmente en su espacio aéreo.
El intercambio de golpes demuestra que la tregua existente sigue siendo extremadamente frágil y que cualquier incidente podría desencadenar una escalada de consecuencias imprevisibles.
Ormuz sigue siendo el gran punto de conflicto
El estrecho de Ormuz continúa siendo el centro neurálgico de la crisis.
Por esta estrecha vía marítima transita una parte significativa del petróleo que abastece los mercados internacionales. Cualquier interrupción del tráfico marítimo tendría un impacto inmediato sobre los precios de la energía y la economía mundial.
Teherán ha dejado claro que considera el control y la seguridad de Ormuz como un asunto de soberanía nacional y rechaza cualquier presión extranjera relacionada con esa ruta estratégica.
Región sentada sobre barril de pólvora
En los últimos días, las defensas iraníes también reportaron el derribo de drones considerados hostiles cerca de las islas de Qeshm y Sirik, mientras que las fuerzas estadounidenses han incrementado sus operaciones de vigilancia y despliegue militar en el Golfo Pérsico.
Expertos militares advierten que la situación es especialmente delicada porque ambos gobiernos parecen convencidos de que pueden aumentar la presión sin provocar una guerra abierta.
Sin embargo, la historia de Oriente Medio demuestra que los conflictos más peligrosos suelen comenzar precisamente así: con ataques limitados, represalias calculadas y líderes convencidos de que mantienen el control.



