NACIONALESReflexiones

La casa de Dios es casa de todos

REFLEXIONES....

 

Mensaje 4836

 

  AYUDAME A SALVAR UNA VIDA  

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

REFLEXIONESLas lecturas de hoy nos hablan de algo que sigue siendo revolucionario dos mil años después: Dios no se guarda para unos pocos. La salvación no es un club exclusivo, sino una mesa abierta para todos los pueblos.

En la primera lectura, Isaías proclama una noticia sorprendente para su tiempo: los extranjeros que se unan al Señor serán bienvenidos en el monte santo. «Mi casa, dice Dios, es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos». Dios derriba los muros que los hombres habíamos construido. No importa el origen, la nacionalidad ni el linaje: lo que importa es el corazón que busca al Señor.

El Salmo 66 recoge ese mismo grito universal: «Que todos los pueblos te alaben». No es un deseo piadoso, es el plan de Dios desde el principio.

San Pablo, en la segunda lectura, reflexiona sobre algo que a primera vista parece contradictorio: la desobediencia de unos ha servido para que la misericordia llegue a otros. Y al final, dice, Dios tendrá misericordia de todos. Pablo nos recuerda que los caminos de Dios no son nuestros caminos. A veces, lo que nos parece un tropiezo o un rechazo es, en realidad, parte de un plan más grande donde la misericordia termina abrazándolo todo. Los dones de Dios son irrevocables: Él no se cansa de nosotros.

Y llegamos al Evangelio, donde una mujer cananea, extranjera, pagana, fuera del pueblo elegido, se acerca a Jesús gritando. Jesús parece ignorarla. Los discípulos quieren deshacerse de ella. Y cuando finalmente Jesús le habla, sus palabras suenan duras: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella no se ofende. No se va. No se rinde. Con una humildad llena de fe, responde: «También los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Y Jesús, admirado, le concede lo que pide.

Esta mujer nos enseña lo que es la fe verdadera: una fe que no se rinde, que no se siente con derechos, pero que confía plenamente en la misericordia de Dios. Ella no tenía títulos ni méritos, solo necesidad y confianza. Y eso fue suficiente.

Estas lecturas nos interpelan directamente:

Primero, ¿tenemos un corazón abierto como el de Dios, o seguimos poniendo etiquetas y condiciones a quién merece su amor? A veces nosotros, los que estamos dentro de la Iglesia, podemos volvernos excluyentes sin darnos cuenta. Hoy Dios nos recuerda que su mesa es para todos.

Segundo, ¿cómo es nuestra fe? ¿Una fe que se desanima ante el primer silencio de Dios, o una fe como la de la cananea, que insiste, que lucha, que confía incluso cuando las respuestas no llegan?

Tercero, la misericordia de Dios no tiene límites. San Pablo nos dice que Dios encerró a todos en desobediencia para tener misericordia de todos. Nadie está fuera del alcance de su amor.

Víctor Martinez piensa que estas lecturas nos invitan a ser parte de una comunidad con las puertas abiertas. Que aprendamos de la cananea a tener una fe humilde y perseverante. Y que vivamos con la certeza de que, como dice el Salmo, todos los pueblos están llamados a alabar al Dios que nos salva.

Tu casa, Señor, es casa de oración para todos. Haz de nuestros corazones una casa así. Que así sea.

Gracias a nuestra hermana Matilde Farach por hacer posible que estas homilías lleguen cada domingo hasta nuestros corazones. Bendícela, Señor.

Hasta la próxima.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba