¡Precios por las nubes, Policía en crisis y PRM al borde de guerra interna!
Festival de alzas en los supermercados: los víveres ya son comida de ricos; la Policía hace agua y en el PRM se calientan las tendencias mientras algunos preparan maletas rumbo a Leonel.

Buenos días…
Al que le pique, que se rasque….
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Aquí no se puede maquillar la realidad: la delincuencia no se enfrenta con impulsos ni retaliación, sino con inteligencia, estrategia y decisiones firmes. Y eso, claramente, no está pasando.
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En la Policía Nacional el panorama es preocupante. En lugar de concentrarse en diseñar planes efectivos para frenar el crimen, hay quienes parecen más ocupados persiguiendo a oficiales honestos. Así no se construye autoridad, así se profundiza el caos.
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Y ojo: los periodistas serios no son enemigos de la institución. Todo lo contrario. Son los que señalan lo mal hecho, los que incomodan a los corruptos y los que defienden lo poco que queda de integridad dentro de la uniformada.
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La famosa “reforma policial”, tan anunciada y aplaudida, terminó siendo otra cosa: un proceso desvirtuado, contaminado y sin resultados tangibles. Mucho ruido… y pocas nueces. Y sí, hay documentos que sustentan estas denuncias.
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Si alguien duda, que investigue. Que revise los salarios dentro de la Policía, incluyendo los de los generales. Que se pregunte qué pasó con la depuración que se inició en su momento. Y más aún: ¿cuántos oficiales cuestionados han vuelto como si nada?
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Presidente, la transparencia en este tema ha quedado en entredicho. Se anunciaron auditorías como un hito histórico… pero sus resultados, que hablaban de irregularidades millonarias, terminaron en el olvido. Y peor aún: algunos responsables fueron premiados. Así no.
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Y entonces, la gran pregunta: ¿cuáles son los logros reales de esa reforma? Porque más allá del cambio de uniforme —que ni siquiera llegó a todos— no hay mucho que exhibir.
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Eso sí, a algunos les ha ido muy bien. Especialmente a ciertos comisionados, cuyos salarios contrastan de forma escandalosa con los de la propia estructura policial.
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Mientras tanto, en el terreno político, el PRM está que arde. Las corrientes internas se preparan para una batalla que promete ser feroz. De un lado aseguran que no tienen competencia. Del otro, se venden como inevitables. Por debajo de la mesa, la lucha está encendida.
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Y no es lo único: hay movimientos silenciosos, pero claros. Dirigentes de distintos partidos afinan maletas. El salto hacia nuevas filas no es rumor… es cuestión de tiempo.
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En la calle, la situación tampoco da tregua. Los transportistas ya están calentando motores y advierten que no asumirán más alzas en los combustibles. ¿Qué viene? Aumento del pasaje. ¿Quién paga? El de siempre: el pueblo.
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Y mientras tanto, el Gobierno mantiene subsidios millonarios a grandes empresas. ¿No sería momento de revisar prioridades? Porque la clase media y los más vulnerables están sintiendo el golpe con fuerza.
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Los precios están fuera de control. Todo sube. Todo aprieta. Todo asfixia.
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Y lo más simbólico: los víveres ya no son comida de pobres. Ahora son un lujo. Comer básico se ha convertido en privilegio.
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Para cerrar, atención al escenario internacional: el estrecho de Ormuz se perfila como un punto crítico que podría desatar tensiones mayores. Una chispa ahí… y el mundo entero podría sentir el impacto. Gracias a Dios hay una apertura, aunque sea momentánea
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Así están las cosas. Sin adornos. Sin maquillaje. Como son.



