Entre esposas prestadas, apagones y el código 29

El espectáculo de Elías Piña, los apagones de EDEEste, el bolsillo golpeado por los precios y las muertes en supuestos intercambios policiales retratan una realidad que ya no aguanta más cuentos.
Buenos días…
Quienes expresaron su solidaridad con la diputada Millys Martínez, de Elías Piña, por lo que originalmente denunció como un supuesto maltrato policial, hoy dicen sentirse arrepentidos y reclaman que la legisladora les devuelva la solidaridad que le ofrecieron.
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La verdad es que aquella comedia, aquella payasada —sí, payasada— constituye un hecho que merece pasar a la historia.
Y, atención, presidente Luis Abinader, entre algunos oficialistas del PRM se están viendo cosas bastante raras. Desde un diputado preso en Miami por un caso de narcotráfico internacional hasta otra diputada apareciendo esposada en una intervención policial, en una escena que buscaba hacer creer que la Policía la había esposado y detenido momentáneamente.
Quiso sonar y sonó. Pero, le salió el tiro por la culata. Porque montó y protagonizó un espectáculo político desagradable, que enloda aún más la imagen de un partido que ha sido enlodado hasta el tuétano.
Cuando se hable de la historia del PRM, ¿cómo olvidar a un diputado preso en Miami por un caso de narcotráfico internacional?
Y ahora, ¿cómo olvidar a una diputada que, según lo ocurrido, terminó protagonizando un episodio en el que se habría autoinfligido un supuesto maltrato para hacer creer que la Policía la había maltratado? ¡Vaya manera de escribir páginas en la historia política del país!
Pero aquí viene la pregunta del millón:
- ¿Quién le prestó las esposas?
- ¿Fue un policía? ¿Las tomó prestadas? ¿O alguien se las entregó para montar aquel espectáculo?
Que expliquen qué pasó ahí.
Sencillamente, porque, mientras la novela se desarrollaba, quien terminó, aparentemente, premiado fue el coronel involucrado… lo trasladaron, sí, pero para ocupar la dirección regional de la DIGESETT en Barahona.
¿Un traslado o un premio? ¿Será que aquello fue un espectáculo preparado a propósito, como se dice en buen dominicano, “a la brava”?
Y atención, diputada Millys Martínez: Devuélvale a su comprovinciano Plinio De Oleo la solidaridad que le expresó, al igual que lo hizo el entonces vocero del PLD en la Cámara de Diputados, Gustavo Sánchez, cuando usted denunció el supuesto maltrato policial.
Porque ellos —y muchos otros— hoy están que echan chispas. Y nosotros también.
Usted nos engañó con aquel teatro, con aquella historieta. Y si los hechos ocurrieron como posteriormente se conocieron, usted ha quedado muy mal parada.
La política no puede convertirse en un escenario para fabricar víctimas, montar espectáculos y luego dejar a los solidarios con el moño hecho.
¡Vaya manera de escribir páginas en la historia política del país!
Y atención, EDEEste. La gente del sector Mi Sueño, en Villa Faro, está que echa chispas con eso de que ustedes les están adelantando la Navidad.
Definitivamente… no quieren ese “arbolito” en el barrio.
Porque el prende y apaga del circuito eléctrico en esa zona —y en otras partes del país— puede seguir quemando equipos, electrodomésticos y hasta la paciencia de la gente.
Y cuidado, también afectan zonas turísticas como Miches, donde cualquier falla eléctrica termina convirtiéndose en un problema que nadie quiere cargar.
Decir que la tarifa eléctrica no ha subido sería, para muchos dominicanos, una verdadera blasfemia.
Presidente Abinader, en República Dominicana parece que lo único que no ha subido, en su gobierno, es el salario de muchos empleados públicos y las pensionados.
Después hay que mirar hacia los colmados, supermercados, farmacias y servicios básicos. Y eso, da pánico.
Y a veces da más terror mirar los precios que caminar por una calle dominicana rodeado de motoristas.
Los altos precios están dando más terror que el terror que provocan muchos de esos motoristas en las calles del país. Y eso es mucho decir.
Y ahora vamos con el número más popular del lenguaje popular dominicano: El 29.
Código 29: muerte.
Un número que, en la práctica y según la crítica que desde hace tiempo se hace a determinadas actuaciones policiales, parece haberse convertido en una pena de muerte de facto, sin juicio, sin sentencia y sin pasar por el Congreso ni por un tribunal.
La Constitución dominicana garantiza el derecho a la vida. La pena de muerte no existe en República Dominicana.
Pero cuando alguien muere durante una intervención policial y después simplemente aparece la explicación de rigor —“intercambio de disparos”—, la pregunta queda flotando: ¿Quién dictó la sentencia?
Porque una cosa es combatir al delincuente y otra muy diferente es convertir la muerte en procedimiento administrativo.
El horno no está para galletitas. Y al que le pique, que se rasque.



