A la memoria de mi hermano Horacio Eligio Almánzar Estrella

Mi hermano Horacio Eligio Almánzar Estrella, luchador social y revolucionario de toda la vida, falleció el martes 11 de agosto, en horas de la noche, después de nueve días en Cuidados Intensivos.

El amigo y hermano Diógenes Abreu le escribió una poesía; Yovanny Paulino, una canción; y mi hijo, una carta de despedida.
Trovador en ruta hacia la luz del amanecer
A Horacio Almánzar Estrella, en memoria…
Este no es un poema para la muerte,
sino oda a la vida de un ser
que se marcha sabiéndose multitud de esperanza,
riachuelo en medio de la vorágine del fuego,
remanso de lluvia en la aridez de la espera;
Horacio le puso su voz a la mudez del prójimo
y estampó banderas en las frentes de los caídos,
así como el poeta enuncia la adultez del amor;
le sobró tiempo para repasar el viacrucis de su espera,
le faltó vida para concluir el mapa de su entrega
en esta cartografía de lo injusto;
suyo fue el empeño por sembrar de flores
el trillo sofocante de la angustia colectiva,
suyo también el permanente horizonte
donde vuelan las gaviotas henchidas de libertad;
Horacio anduvo la ciudad
tanteando la madrugada con los ojos de su alma,
buscó en silencio la guarida de la noche,
tarareando sus canciones favoritas,
así como trovador en ruta hacia la luz del amanecer;
en el místico balcón de su casa
permanecerán las anécdotas del ayer,
cual calendario sagrado tejido sobre el pecho
de los imperecederos recuerdos;
suyo ha de ser el campanario de la iglesia
cada vez que su voz anuncie calladamente
el rumbo de sus huellas hacia lo eterno;
Horacio supo entregar el tesoro de su vida
al vaivén de las olas
de un pueblo atado por engaño al desacierto;
optó por ser gota de lluvia
en la sedienta garganta de la gente.
Hoy se marcha, solemne guerrero como fue,
y le decimos adiós izando su bandera de amor,
clamando su oda a la libertad eternamente.
Diógenes Abreu
12 de agosto de 2026
New York
A la memoria de mi tío Horacio
Tío Horacio…
Así te llamábamos. Y aunque eras nuestro tío paterno, para muchos de tus sobrinos fuiste mucho más: padrino, guía, compañero y, en ocasiones, una figura de padre.
No tuviste hijos propios, pero no los necesitaste para dar amor. Tu cercanía, tus consejos y tu forma constante de estar pendiente de los demás hicieron que todos sintiéramos en ti un apoyo incondicional.
Eras un hombre afable, cercano, cariñoso y carismático. De las personas más honestas que hemos conocido. Siempre alegre, con una sonrisa y esa forma tan tuya de hacer sentir bien a quienes te rodeaban. Casi nunca te vimos molesto.
Eras un ser humano excepcional.
Fuiste un luchador de izquierda, firme en tus ideales, defensor de tu gente y de tu comunidad. Nunca fuiste indiferente ante las necesidades de los demás. Tu lealtad hacia quienes querías y hacia tus convicciones fue inquebrantable.
Y te acompañó hasta el final una característica muy tuya: la terquedad.
Esa terquedad era también tu manera de afirmar tu independencia. Nunca quisiste que las limitaciones de tu vista determinaran hasta dónde podías llegar, ni que nadie te tratara como una persona incapaz de hacer sus propias cosas. Luchaste por vivir a tu manera y demostraste que las adversidades no tenían por qué definirte.
A pesar de las limitaciones de tu vista, tuviste una visión de la vida que muchos nunca alcanzan.
Veías a las personas.
Veías la injusticia.
Veías lo esencial.
Veías lo que realmente importaba.
Pero también supiste disfrutar la vida.
Amante de las buenas películas, del cine, del arte y de la buena música. Disfrutabas esas pequeñas grandes cosas que alimentan el alma y que también hablaban de tu sensibilidad y de tu manera particular de entender el mundo.
Así te recordaremos: con tus historias, tus ocurrencias, tus convicciones, tu alegría, una buena película, una buena canción y esa personalidad imposible de olvidar.
Y cuando llegó la enfermedad, volviste a demostrar quién eras.
Durante ocho días en UCI luchaste hasta el final, con la misma fortaleza con la que enfrentaste tantas cosas durante tu vida. Y nosotros luchamos contigo. Tus hermanos, tus sobrinos y quienes te amábamos hicimos todo lo humana y médicamente posible para recuperarte.
Pero los planes de Dios fueron distintos.
Hoy nos duele profundamente tu partida, pero, en medio de ese dolor, también queremos dar gracias a Dios por haberte puesto en nuestro camino.
Gracias por cada conversación.
Por cada sonrisa.
Por cada consejo.
Por cada ocurrencia.
Por cada momento compartido.
Y, sobre todo, gracias por habernos dado el privilegio de tenerte como tío.
Fuiste incansable.
Fuiste luchador.
Fuiste leal.
Fuiste inquebrantable.
Ahora nos quedan los recuerdos, y esos nadie podrá quitárnoslos.
Nos quedan tus historias, tu alegría, tus ideales, tus películas, tu música, tus ocurrencias y todos esos momentos bonitos que, con el tiempo, se convertirán en verdaderos tesoros para nosotros.
Hoy despedimos a nuestro querido Horacio, pero también a un padrino, a un hermano, a un amigo y, para muchos de nosotros, a un padre que la vida nos regaló en forma de tío.
Nos duele tu partida, Horacio, pero somos profundamente afortunados y agradecidos por haberte tenido en nuestras vidas.
Descansa en paz, Tío Horacio.
Gracias por tanto.
Gracias por tu ejemplo.
Gracias por tu amor.
Gracias por tu lucha.
Hasta siempre, mi Tío Horacio. Te vamos a extrañar. 🕊️


