
De los soldados que regresaron de Vietnam enganchados a la heroína, a las rutas del narcotráfico que hoy alimentan el fentanilo, una historia de operaciones, acuerdos y consecuencias que todavía se pagan en sangre.
I. 1971: regresan 78,000 adictos
En 1971, dos congresistas —Robert Steele y Morgan Murphy— descubren lo que el Pentágono ocultaba en Vietnam.
En 1970, la heroína pura del Triángulo de Oro —94-97 % pura, a $1-$2 el vial— inundó Saigón. En Nueva York, esa misma dosis, con 10 % de pureza, costaba $200.
Los números del Departamento de Defensa:
3.5 millones de americanos pasaron por Vietnam.
43 % probó heroína, según el estudio The Vietnam Drug User Returns, de 1973.
35 % admitió haber usado heroína en 1971.
20 % estaba adicto clínicamente. Eso es 1 de cada 5 soldados rasos.
Entre 1966-1969, el ejército consumió 225 millones de tabletas de anfetaminas oficialmente.
El New York Times tituló en mayo de 1971: «Epidemia de heroína entre los G.I. en Vietnam».
En junio de 1971, Nixon crea la Operación Golden Flow: ningún soldado subía al avión sin prueba de orina. El que daba positivo iba a detox en Vietnam.
El estudio de la socióloga Lee Robins, que siguió a 14,000 soldados que regresaron en septiembre de 1971, encontró que solo 5 % recayó el primer año y 12 % en 3 años. 95 % dejó la heroína al cambiar de ambiente. Pero la demanda masiva ya había creado la ruta y la infraestructura del narcotráfico.
II. 1969: el acuerdo secreto con México
El 21 de septiembre de 1969, a las 2:30 p. m., Nixon anuncia la Operación Intercepción. Cierra 6,000 km de frontera. Cada carro requisado hasta 6 horas durante 19 días.
Resultado: 1,493 kilos de marihuana, 1 kilo de heroína, 7 gramos de cocaína. Un fracaso operativo.
Pero no era para atrapar droga. Fue presión diplomática. El propio consejero de Nixon, G. Gordon Liddy, condenado por Watergate, lo definió como «un ejercicio de extorsión internacional, puro, simple y efectivo para someter a México a nuestra voluntad».
El presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz protestó y lo llamó «un error burocrático que ha levantado un muro de sospechas».
El 10 de octubre de 1969 firman en Washington lo que llamaron Operación Cooperación. EE.UU. ajustaría procedimientos y México se compromete a intensificar su programa contra la producción.
México lanza entonces la Operación Cóndor, 1970-1977. Oficialmente, 10,000 soldados del ejército mexicano, con helicópteros y herbicidas proporcionados por EE.UU., quemando fincas en Sinaloa, Durango y Chihuahua, el Triángulo Dorado mexicano.
Mientras se quemaban parcelas de campesinos, el Estado protegía fincas industriales. México pasa de suplir 30 % de la marihuana en 1969 a suplir 70-80 % en 1976.
Según nuestras fuentes primarias, los 5,000 militares al frente de fincas productoras que se mencionan en los archivos de la Procuraduría General de la República de México y del Colegio de México no estaban erradicando, estaban cuidando cosechas. Era el Estado mexicano metido en el negocio desde el inicio.
III. De la marihuana al fentanilo: el monstruo de hoy
Ese acuerdo de 1969 creó el modelo. El ejército mexicano aprendió a cultivar, transportar y proteger. Cuando EE.UU. fumigó con paraquat en 1976, las mismas estructuras pasaron de la marihuana a la amapola y luego a la cocaína colombiana.
Hoy, ese ejército de fincas son los grandes cárteles de Sinaloa y Jalisco. Y el problema ya no es marihuana, es fentanilo.
El 70 % de las 107,000 muertes por sobredosis en EE.UU. en 2023 fueron por fentanilo fabricado con precursores chinos en esas mismas sierras donde en 1969 se desplegaron 10,000 soldados a erradicar.
De 78,000 adictos que regresaron de Vietnam a 100,000 muertos por año hoy en las calles. Todo empezó con un cierre de frontera de 19 días y un acuerdo firmado en Washington.
IV. Nuestra mayor preocupación: RD, Puerto Rico y Haití
Nuestra mayor preocupación son los países pequeños, no productores, como República Dominicana, Puerto Rico y Haití, tomados como puentes.
Sus jóvenes han caído en esa trampa. Adictos, enfermos y violentos. No producen un gramo, pero pagan la sangre.
Y ese entramado y negocio involucra complicidades de políticos, militares, policías, fiscales y jueces, y hoy son ricos, lavadores.
El resultado está en nuestros barrios y calles, con violencia y enfermos, tráfico y consumo. ¡Qué mal!
El puente nos dejó el peaje más caro: nuestros muchachos.



