INTERNACIONALES

Yemen vuelve a poner a Arabia Saudita en la mira con seis ataques contra petróleo y aeropuerto

Los hutíes reivindican ataques contra Ras Tanura, instalaciones de Aramco y los aeropuertos de Riad y Dammam; Arabia Saudita confirma la interceptación de dos misiles.

 

ORIENTE MEDIO

La guerra vuelve a encenderse entre Yemen y Arabia Saudita. Los hutíes anunciaron este jueves seis operaciones militares contra objetivos estratégicos dentro del territorio saudí, en una nueva escalada que amenaza con golpear directamente la infraestructura petrolera y aérea del reino.

El portavoz militar hutí, Yahya Sarea, afirmó que las operaciones fueron ejecutadas con misiles balísticos y drones y que constituyeron una respuesta a las recientes acciones militares saudíes contra Yemen.

Según el comunicado hutí, los objetivos fueron:

  • La refinería de Ras Tanura, atacada con un misil balístico.
  • Una instalación de Aramco en Abqaiq, también con un misil.
  • El aeropuerto internacional Rey Jalid, en Riad, contra el que se lanzó una andanada de misiles.
  • El aeropuerto internacional Rey Fahd, en Dammam, atacado mediante un dron.
  • La refinería de Rabigh, alcanzada, según los hutíes, por otro misil balístico.
  • Un centro de mando de las fuerzas saudíes en Nayrán, en el sur del reino.

Los hutíes aseguraron que sus operaciones alcanzaron los objetivos previstos. Sin embargo, no existe confirmación independiente de que todos esos blancos hayan sido impactados.

Riad confirma dos misiles interceptados

La versión saudí es diferente.

Las autoridades informaron que las defensas aéreas interceptaron dos misiles balísticos dirigidos contra Riad.

Fragmentos de los proyectiles cayeron posteriormente en la capital saudí y provocaron daños menores en una vivienda y un vehículo, además de dejar al menos un ciudadano con heridas leves, según la Defensa Civil saudí.

Hasta el momento de esta actualización, Riad y Aramco no habían confirmado públicamente daños en las instalaciones petroleras señaladas por los hutíes.

Ras Tanura vuelve a estar en el centro del peligro

El nombre de Ras Tanura eleva especialmente la preocupación.

La instalación tiene una capacidad de refinación de aproximadamente 550.000 barriles diarios y está vinculada a uno de los principales puntos de exportación petrolera de Arabia Saudita.

Un ataque confirmado contra esa infraestructura podría tener consecuencias mucho más allá del campo militar: afectaría los mercados petroleros, las primas de riesgo y las rutas de transporte energético. En un contexto regional ya tensionado, cualquier interrupción prolongada podría repercutir rápidamente sobre los precios internacionales.

La diplomacia también queda bajo fuego

La nueva escalada resulta especialmente llamativa porque se produce pocos días después de contactos diplomáticos entre Irán, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, celebrados en Teherán con el objetivo de reducir las tensiones regionales.

El nuevo intercambio de ataques demuestra que mientras la diplomacia intenta apagar el incendio, la guerra yemení continúa echándole gasolina al caldero de Oriente Medio.

Los hutíes han advertido que continuarán sus operaciones mientras persistan, según su versión, los ataques y el bloqueo contra Yemen.

Y Arabia Saudita vuelve a enfrentar el mismo dilema: defender su territorio sin permitir que el conflicto termine convirtiéndose en una guerra regional de mayor alcance.

Irán acusa a la ONU de tapar los crímenes de EE.UU. e Israel

Irán abrió un nuevo frente diplomático contra Naciones Unidas después de que la relatora especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Irán, Mai Sato, denunciara un endurecimiento de la represión interna durante el actual conflicto regional.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, acusó este viernes al mecanismo de derechos humanos de Naciones Unidas de intentar «encubrir» las acciones de Estados Unidos e Israel al responsabilizar a Teherán por las violaciones de derechos humanos cometidas durante la crisis.

Baqaei calificó el mandato de la relatora de «políticamente motivado» y afirmó que fue impulsado por Reino Unido.

Según el portavoz iraní, utilizar la Relatoría Especial sobre la Situación de los Derechos Humanos en Irán para responsabilizar a Teherán de los efectos de las acciones militares estadounidenses e israelíes constituye un intento deliberado de ocultar, según sus palabras, la agresión, las atrocidades y las sanciones contra la República Islámica.

La denuncia de la relatora

Las declaraciones iraníes fueron provocadas por el informe presentado esta semana por Mai Sato ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

La relatora sostuvo que las operaciones militares de Estados Unidos e Israel han agravado las condiciones de vida de los iraníes, pero también denunció que el Gobierno de Teherán habría utilizado la situación de guerra para incrementar la presión contra la disidencia interna, mediante detenciones y ejecuciones.

El informe coloca a Irán frente a una doble acusación: por un lado, la presión y las consecuencias de la guerra exterior; por otro, las medidas adoptadas por las autoridades iraníes contra sus propios opositores.

Teherán rechaza la acusación

Irán ha rechazado reiteradamente la legitimidad del mandato de la relatora especial y sostiene que constituye un instrumento político utilizado por potencias occidentales para ejercer presión sobre la República Islámica.

La Cancillería iraní también acusa a los organismos internacionales de prestar insuficiente atención al impacto de las sanciones económicas, las amenazas militares y las operaciones de Estados Unidos e Israel.

La ONU, por su parte, mantiene que su mecanismo de derechos humanos tiene como objetivo documentar violaciones y llamar la atención sobre ellas, independientemente de quién las cometa.

Así, mientras la guerra regional continúa, Teherán y Naciones Unidas vuelven a chocar de frente: Irán habla de una campaña política; la ONU habla de derechos humanos y represión.

Francia arde y Macron apunta a la guerra

Francia continúa enfrentando una ola de protestas que ha llevado a cientos de miles de personas a las calles, en medio de un creciente malestar por el costo de vida, los precios de la energía, la inflación, los salarios y el deterioro de los servicios públicos.

La guerra en Oriente Medio y las dificultades provocadas por el cierre o las restricciones en el estrecho de Ormuz han añadido combustible a una situación social que ya era explosiva.

El aumento de los precios energéticos constituye uno de los factores que más rápidamente golpean el bolsillo de los franceses, especialmente por su efecto sobre los combustibles, el transporte, la producción y los alimentos.

Pero sería incorrecto reducir las protestas únicamente a la guerra.

Más de 400.000 personas en las calles

El movimiento ha adquirido una dimensión nacional.

El Ministerio del Interior francés calculó que aproximadamente 410.000 personas participaron en las manifestaciones del fin de semana, incluidas unas 110.000 en París. Los sindicatos elevaron considerablemente esa cifra.

Las protestas comenzaron vinculadas principalmente a reclamos sobre educación y servicios públicos, pero posteriormente incorporaron demandas relacionadas con el poder adquisitivo, la inflación, los precios de la energía y las condiciones sociales.

También se registraron enfrentamientos con la Policía, detenciones y episodios de violencia y saqueos en diferentes ciudades.

El bolsillo se convierte en campo de batalla

La presión económica ya está golpeando directamente al comercio.

La Cámara de Comercio francesa calcula que unas 2.400 tiendas han sufrido daños, mientras las pérdidas acumuladas por daños y ventas perdidas superan los 1.000 millones de euros, según estimaciones recogidas por Reuters.

El problema llega además en un momento particularmente delicado para los comerciantes, porque noviembre y diciembre representan aproximadamente el 40 % de las ventas anuales del comercio minorista francés.

Ormuz mete más presión

El estrecho de Ormuz constituye una de las principales arterias energéticas del planeta.

Cualquier interrupción prolongada aumenta los costos del petróleo, los combustibles y el transporte marítimo, y termina trasladándose a los consumidores.

Por eso, el conflicto en Oriente Medio puede convertirse también en un problema político para los gobiernos europeos.

Francia ya enfrenta protestas por razones internas y ahora debe lidiar con una crisis energética que puede profundizar el malestar.

Macron, contra las cuerdas

El presidente Emmanuel Macron enfrenta así un escenario especialmente complicado.

Las protestas no tienen una sola causa. Son el resultado de una mezcla explosiva de inflación, costo de vida, servicios públicos, energía y descontento político, a la que la crisis de Oriente Medio añade una nueva presión.

La calle francesa vuelve a demostrar que una guerra librada a miles de kilómetros puede terminar golpeando directamente el bolsillo europeo.

Cuando sube el petróleo, sube el transporte; cuando sube el transporte, suben los alimentos; y cuando el bolsillo no aguanta, la calle termina hablando.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
WordPress Lightbox