OPINION

¡Es democracia! Trump también llega al pasaporte

Algunos mandatarios de naciones muy atrasadas han sufrido de megalomanía, tal y como ocurrió con el dictador Trujillo, en República Dominicana, así como con gobernantes de África y otras regiones del mundo.

Ahora, como una herencia «cultural» de tiempos que muchos creían superados, el presidente de Estados Unidos impulsa una edición conmemorativa del pasaporte estadounidense que incorpora su imagen, como parte de las actividades por el 250.º aniversario de la independencia de ese país.

El anuncio ha provocado reacciones encontradas. Para unos, se trata de un homenaje al mandatario. Para otros, representa un paso más hacia la personalización de los símbolos del Estado en torno a la figura del gobernante.

Incluso, se especula con la posibilidad de que otros elementos oficiales, como determinadas monedas o símbolos patrios, puedan ser modificados en el futuro para incorporar la imagen del presidente.

No sería extraño que, para algunos seguidores, hasta «La Bestia», el vehículo presidencial, o el avión oficial se conviertan en vitrinas permanentes de la imagen del mandatario.

Durante años sostuvimos que la megalomanía era una «enfermedad» propia de gobernantes de naciones institucionalmente débiles. Sin embargo, parecería que esa inclinación también encuentra espacio en democracias consolidadas, donde el culto a la personalidad comienza a abrirse paso bajo el argumento de la conmemoración, el patriotismo o el marketing político.

Quienes obtengan esa edición conmemorativa del pasaporte estadounidense llevarán consigo, además de un documento de viaje, la imagen del presidente Donald Trump. Para algunos será un motivo de orgullo; para otros, una señal de que la línea que separa la institucionalidad del personalismo puede ser más delgada de lo que muchos imaginaban.

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